La Ciudad Verde

En las ciudades españolas hay 15.000 huertos plantados, o lo que es lo mismo, el doble que hace 10 años. Lo que podríamos llamar la revolución de la lechuga ha llenado de pequeños huertos muchas ciudades españolas de lugares tan dispares y alejados como Asturias o Mallorca, Valencia o Valladolid. Los auténticos brotes verdes del fin de la crisis. La burbuja inmobiliaria había dejado su huella de ruina en numerosas áreas de otras tantas ciudades de nuestra geografía, y ahora estos terrenos, antaño objeto de deseo de los especuladores, pueden reconvertirse en huertos urbanos.

La agricultura urbana ha dejado de ser algo testimonial para convertirse en un fenómeno que cada vez cuenta con más adeptos no sólo en España, también en otros países como Inglaterra, Alemania o Francia.

Huertos urbanos de Valencia. Fuente: www.huertosurbanos.com

Huertos urbanos de Valencia. Fuente: http://www.huertosurbanos.com

En España las cifras no dejan lugar a dudas: de 75.000 metros cuadrados de huerta urbana en el año 2000, se ha pasado a la asombrosa cifra de 1,6 millones. Aunque estas cifras todavía están lejos de las de otros países vecinos, no dejan de ser un incremento muy notable.

La crisis económica ha hecho que muchas personas se replanteen su futuro y busquen nuevas e ingeniosas formas de sobrevivir. De esta manera ha surgido el movimiento “Increíbles y Comestibles”, que cuenta ya con más de 200 grupos en España.

Esta idea vio la luz en la ciudad inglesa de Todmorden y que desde allí se está extendiendo por todo el mundo. Consiste en plantar frutas y verduras en lugares públicos cuidados por los ciudadanos y recolectados por cualquier persona que los necesite.

Los defensores de este nuevo modelo de agricultura de subsistencia esgrimen numerosas y buenas razones para convencernos de sus virtudes y beneficios. Este es el caso de Zoila, miembro activa de esta asociación en Valencia: “se está produciendo una interesante confluencia entre lo agrícola y lo urbano. Se ha pasado de la especulación del suelo para construir edificios a  que la gente plante sus pequeños huertos por toda la ciudad. Esto supone que muchas familias pueden llevar a su casa productos como lechugas, tomates, coles, etc., plantados por ellos mismos, sin los tratamientos a base de herbicidas empleados en la agricultura intensiva. El modelo de agricultura familiar proporciona alimentos sanos, la naturaleza gana parte del terreno perdido, las personas encuentran un modo de vivir…¿Que más se puede pedir?

Carlo Petrini, fundador de Slow Food, una asociación que lucha por imponer la agricultura familiar frente a las grandes explotaciones controladas por compañías multinacionales, sostenía en el festival Tierra Madre que se celebra todos los años en distintas ciudades de todo el mundo, que el apego a la tierra une a las personas en torno a dos ideas fundamentales: la alimentación y la ecología.

Esta puede ser otra de esas iniciativas que nacen del pueblo al margen de sus instituciones, en ocasiones demasiado ocupadas en otros asuntos alejados de la realidad y las necesidades del ciudadano.

Huerta Valencia

Increíbles y comestibles. Fuente: Organización madre y tierra.

 

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Publicado el 14 noviembre, 2014 en España, Política Social y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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