La moda del chorizo leonés

“¡Guaje, prende la televisión que vuelve a salir el paisano ese de nuestra tierrina!”. Ese es el grito de emoción que invade cada hogar leonés durante los últimos meses de este tan agitado 2014. Acostumbrados a ser una de las ciudades más olvidadas por el panorama político y social español, solo copaban minutos informativos con cada nueva revolución minera. Pero ahora no, ahora han pasado a ser el centro del huracán. Un asesinato en extrañas condiciones de la no muy querida por el pueblo Isabel Carrasco dio pie a una nueva era de corrupción. Sí, al parecer era posible y Marcos Martinez (Barazón para el Diario de León cuando las cosas se ponen feas) lo ha demostrado.

Una trama de corrupción, 43 días en prisión y una expulsión de su propio partido. Parece el título de una comedia romántica, incluso de un capítulo del vecindario de Montepinar. Pero no, señores, es la historia del que fuera presidente de la Diputación de León. Hoy la libertad tiene un coste de 30.000 euros, pero ¿cuál es el coste de la dignidad? Al parecer esa es gratuita y es intrínseca a la cara dura. No se puede salir de prisión y hacer ronda de platós televisivos, ni mucho menos jactarse de una fotografía con Cospedal para tratar de demostrar que no se necesitan influencias para poder llegar a Génova.

Que sí, que el chorizo de León nunca estuvo tan a la orden del día, pero este se ha pasado de picor. Tanto que incluso atraganta, tanto que incluso estropea el resto del cocido maragato. Pero resulta que en el fondo nos gusta que la comida se nos repita durante todo el día. Y para muestra un botón, ya que a pesar de no pertencer al Partido Popular desde el mismo día de su ingreso en prisión, Barazón mantiene su acta de diputado provincial.

Marcos Martínez Barazón en su ruta por los pueblos leoneses este verano.

Marcos Martínez Barazón en su ruta por los pueblos leoneses este verano.

Pero, ¿qué nos queda cuando ya ni el ajo funciona como ahuyentador de malos espíritus? Esperemos que las gitanas del romero hagan bien su trabajo en los domingueros rastros leoneses. Mientras tanto, ya puede el señor Orejas trabajar duro para llegar al nivel de odio profesado por los lenoses a sus antecesores. Aunque, a juzgar por lo bien trabajado que tiene el hemisferio corrupto de su cerebro, no le costará mucho esfuerzo.

¡Viva el vino!, que diría Miguel Ángel Revilla.

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Publicado el 17 diciembre, 2014 en Castilla y León, Opinión y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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