Despejando incógnitas: el Estado Islámico

“Si un grupo de jugadores aficionados se ponen una camiseta de los Lakers, no se convierten en Kobe Bryant” (Barack Obama sobre el Estado Islámico. Enero del 2014)

 Terror de terrores 

Asesinatos en masa, secuestros de minorías, decapitaciones difundidas a través de las redes sociales y un solo nombre: Estado Islámico (EI). Esta organización yihadista que ya controla parte de Irak y Siria e intenta actualmente penetrar en el norte de Líbano es, según algunos especialistas como Ignacio Cembrero, periodista de El Mundo experto en el Magreb, “el más potente grupo terrorista que jamás ha existido”. Esta potencia tiene como pilares fundamentales el número de simpatizantes y adeptos así como la fuerte financiación económica que respalda a la organización.

“Actualmente hay alrededor de 12.000 combatientes extranjeros engrosando las filas del Estado Islámico. De esta cifra, entre 3000 y 4000 son ciudadanos europeos”, explica Tomás Alcoverro, maestro de periodistas y corresponsal del diario La Vanguardia. Las razones que emplean los especialistas estudiosos de Oriente Medio para explicar estos datos radican en la propaganda y en la falta de integración de estos potenciales combatientes en las sociedades modernas. “La propaganda del EI, de una enorme calidad, se difunde a través de vídeos en la redes sociales con un doble objetivo: aterrorizar a Occidente y captar o mantener simpatizantes que son, generalmente, personas de fácil radicalización”, explica Mikel Ayestarán, fiel conocedor de las regiones musulmanas controladas actualmente por el Estado Islámico.

Como cualquier organización terrorista, el Estado Islámico precisa de un fuerte apoyo económico que financie sus barbaries. Así, el grupo yihadista de Abu Bakr Al-Baghdadi (su líder) está sustentado, en esencia, por poderosos países pertenecientes al Golfo Pérsico como Qatar, exportaciones petroleras, secuestros a occidentales y el tráfico de antigüedades. 

Ocupación del Estado Islámico en Siria e Irak

                                                     Ocupación del Estado Islámico en Siria e Irak

“Y ¡buuuum! ¡Se convirtió en…!”

Aunque el mundo entero se encuentra frente a un “recién nacido”, pues el Estado Islámico lleva operando “mediáticamente” solo algo más de seis meses, el periodo de gestación del mismo ha durado años. “Este grupo concreto, resultado de unas políticas desastrosas en la región, nace fundamentalmente a raíz de la invasión de Estados Unidos a Irak en 2003. Por aquel entonces tenía otro nombre: Al Qaeda, pero con el tiempo ha ido mutando hasta hacerse completamente independiente e incluso disputar a Al Qaeda el trono del yihadismo internacional”, asegura Mikel Ayestarán.

Pero entonces, ¿no es el Estado Islámico la nueva Al Qaeda? “No, es peor”, sentencia Ignacio Cembrero y continúa: “La organización terrorista de Al-Baghdadi controla un territorio, algo que Bin Laden no consiguió nunca; asimismo, el EI es relativamente próspero porque tiene un gran respaldo económico con el que Al Qaeda no contó en ningún momento y ya por último, señalar el hecho de que mientras que Bin Laden centró toda su atención en la lucha contra Estados Unidos, el Estado Islámico no ha cruzado el charco (por el momento) y su guerra se está librando en Oriente Medio aprovechando el roce sectario que siempre ha existido en estas regiones”.

En nombre de Alá

La gran idea del Estado Islámico es acabar con las fronteras de Irak, Siria y Líbano creadas después de la Primera Guerra Mundial “porque no acepta las divisiones establecidas en la época colonial ni los estados nación”, asegura Tomás Alcoverro. “Al-Baghdadi cree únicamente en la creación de un único estado para todos los musulmanes: el Estado Islámico”.

El elemento fundamental que el grupo yihadista está empleando con el propósito de alcanzar ese objetivo tan sumamente ambicioso es, sin duda alguna, la política del terror porque, como dijo el pianista Byron Janis, “el miedo cultiva miedo” y elimina cualquier rastro de libertad. El primer acto atroz que saltó a los medios de comunicación en agosto de este año fue la decapitación grabada en vídeo del periodista estadounidense secuestrado en Siria en noviembre de 2012, James Foley. Sin embargo, la cadena de degollamientos del EI ni comenzó ni puso su punto y final en esta víctima. “La violencia de este grupo yihadista es un grado mayor que la de Al Qaeda, puesto que las decapitaciones son uno de sus símbolos de identidad”, afirma rotundo el corresponsal del diario La Vanguardia, Tomás Alcoverro.

Ahmed, musulmán simpatizante del Estado Islámico de 20 años de edad, justificaba así la crueldad de la organización en El Objetivo de Ana Pastor el pasado 30 de noviembre: “Dios nos ha dado el derecho en el sagrado Corán de castigar como hemos sido castigados. Los sujetos de las decapitaciones no son civiles, sino criminales de guerra, gente que se lo merece porque ha hecho mucho daño a la comunidad musulmana”. Así, con el Islam a modo de escudo, los partidarios del EI justifican todos sus actos: las ejecuciones de 150 mujeres iraquíes por negarse a tener relaciones sexuales con yihadistas, la ablación de todas las mujeres y niñas en el norte de Irak, las masacres, etc.

“En nombre de Alá” y Alá se inmoló.

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Publicado el 19 diciembre, 2014 en Política Social y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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