Galicia, ¿y sin Beiras qué?

Anunció Xosé Manuel Beiras su renuncia a ser candidato a la presidencia de la Xunta de Galicia en las elecciones autonómicas que se celebrarán en 2016 y respiró Alberto Núñez Feijoo. La única posibilidad real de cambio contemplada por los gallegos se esfuma y el panorama político de la región torna en una incerteza de la que solo el presidente autonómico parece salir beneficiado.
Ante la bisoñez del Partido Socialista de Galicia y la aparentemente imparable caída en picado del Bloque Nacionalista Galego, la presencia del veterano y mediático líder nacionalista semejaba la única opción real que pudiese hacer temblar la clásica tendencia popular de la comunidad gallega.
Beiras anunció que no habrá un enésimo intento por presidir la Xunta de Galicia. Lo hizo en una entrevista concedida a Eldiario.es y con una innegable fidelidad a su propio estilo. Se va, pero pronostica tempestad: “Confío, apuesto, por que no haya más elecciones autonómicas, que haya un cambio de régimen antes de las próximas (…) No, no me volveré a presentar (en el caso de que se realicen)”.
A sus 78 años su reciente paso por el quirófano ha disminuido sus presencias en el Parlamento. El galleguismo de izquierdas se negaba a ver la realidad. Demasiados años en política, demasiados años luchando con todo y contra todo. Tantas guerras con Fraga, ahora con Feijoo. Y eso que su agresiva argumentación en sus continuos reproches al presidente transmitía una vitalidad que entusiasmaba a todos sus seguidores.
Y es que, así como el efecto Podemos no parece percibirse en Galicia al mismo nivel que en el resto del Estado, Galicia y Xosé Manuel Beiras sirvieron como banco de pruebas del proyecto de Pablo Iglesias. Iglesias formó parte del equipo de asesores de AGE en las elecciones de 2012. Cuando Beiras y su formación, A Nova Irmandade Galega, abandonaron el Bloque Nacionalista Galego y en apenas unos pocos meses, con el apoyo de Izquierda Unida, consiguieron revolucionar el panorama político gallego, al convertirse en el tercer partido de la comunidad, con 9 representantes –que por diversas discrepancias internas se han quedado en tan solo 7 a estas alturas de la legislatura-.
La andadura política de Pablo Iglesias comenzó en Galicia. El proyecto Podemos se inició en la Patria de Rosalía de Castro. Aunque es difícil aventurarse a hablar de similitudes entre aquellas autonómicas y las generales que se avecinan. Por encima de las siglas e incluso de las ideas, el liderazgo de Xosé Manuel Beiras es considerado por muchos el gran responsable de la sorpresa electoral.
El veterano político compostelano ya había logrado en su momento llevar al BNG a su techo histórico, al convertirlo en el principal partido de la oposición durante el gobierno de Fraga. Cuando se alejó de la cabeza del partido, su desplome fue imparable, primero con Anxo Quintana al mando y luego con Alberto Jorquera. Tan exagerada fue la caída del BNG sin Beiras al mando que, incluso, creció la leyenda de un político cuya reputación ya estaba por los aires por su claridad y franqueza en defensa de unos ideales.
Quizás por ello, la repentina irrupción de AGE, que logró superar, contra todo pronóstico, al BNG, pese a contar con unos pocos meses de vida, se debe en buena parte a la presencia de Beiras. Sin él, todo es de nuevo una incógnita. ¿Qué será de AGE? Y, mientras tanto, PSdeG y BNG siguen sin saber muy bien a dónde van y el PPdeG continúa cómodo en su mayoría absoluta.

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Publicado el 22 diciembre, 2014 en España, Opinión y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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